El Siddhi de la Clave Genética 28 es: Inmortalidad.
La verdadera naturaleza de la bestia.
Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha anhelado y buscado la posibilidad de alcanzar la inmortalidad. Los alquimistas, en su sabiduría mística, persiguieron el mítico elixir de la vida, esa sustancia espiritual capaz de otorgar la eterna juventud con solo beberla. Hoy en día, la medicina moderna sigue explorando maneras de alargar la vida humana, y es probable que los avances continúen en esa dirección. Con la promesa que trae la ciencia genética, ya hay científicos hablando de la posibilidad de extender la vida humana indefinidamente.
Cuando pensamos en la inmortalidad, también solemos reflexionar sobre el alma. Para muchas religiones del mundo, el sueño es que nuestra alma sobreviva a la muerte y continúe su existencia en una dimensión eterna, o lo que algunos llaman el "reino de los cielos". Pero en las frecuencias más bajas de la Clave Genética 28, el miedo revela el lado opuesto de esta dualidad: la creencia en el infierno y la tortura eterna en el inframundo.
El Siddhi 28 no tiene mucho que ver con las ideas tradicionales de inmortalidad que solemos imaginar, como las que se basan en las bajas frecuencias de esta Clave Genética y su Sombra. Aunque es verdad que la matriz genética humana contiene la semilla de la inmortalidad física, nuestro cuerpo biológico actual no podría soportar esa transformación de manera natural. Es técnicamente posible alterar nuestra genética para hacer inmortal nuestro cuerpo, pero las consecuencias de esto serían todo menos placenteras.
Crear un cuerpo libre del miedo de la Sombra 28 implicaría que la consciencia no evolucionaría de manera adecuada para habitar ese cuerpo. El resultado sería un ser con un cuerpo inmortal pero atrapado en un estado de consciencia incapaz de lidiar con la idea de la inmortalidad, lo que lo convertiría en una especie de "monstruo genético". Aunque este cuerpo nunca moriría de manera natural, la posibilidad de accidentes fatales seguiría presente, y el miedo a la muerte, en lugar de disiparse, crecería de manera desmesurada. Sin aceptar el lado oscuro del miedo a la muerte, estas circunstancias probablemente crearían una situación catastrófica, amplificando ese miedo hasta niveles obsesivos.
El verdadero problema radicaría en que la consciencia humana, en su estado actual, no estaría preparada para soportar la inmortalidad sin un proceso de despertar que armonice con ese estado.
Cuando la mente humana trata de imaginar la inmortalidad, lo hace desde sus propias limitaciones. La mente está atrapada en la noción del tiempo lineal, por lo que concibe la inmortalidad como un "tiempo añadido al futuro para siempre". Pero esto no es más que una interpretación limitada, porque la verdadera inmortalidad no tiene nada que ver con la extensión del tiempo, sino con su detención. La única manera de escapar de la muerte es vivir tan completamente en el momento presente que la muerte no pueda alcanzarte.
Por esta razón, el Don de la Totalidad puede guiarte hacia ese estado. Si la Totalidad consiste en vivir cada instante al máximo, la Inmortalidad significa morir en un momento que nunca termina, un estado de ser que trasciende el tiempo. Para que esto suceda, tu sentido de identidad individual, de separación, debe "morir" primero, permitiendo que solo la vida permanezca. Cuando ya no hay un centro de consciencia localizado, no existe la muerte, porque no hay nada que pueda morir. Lo que queda es la pura consciencia, moviéndose sin cesar de una forma a otra, en un flujo eterno de vida.
En la mitología cristiana, el miedo se encarna en la figura del Anticristo, o Lucifer, quien representa la personificación del diablo. Sin embargo, hay secretos intrigantes escondidos en este mito. El destino de Lucifer, a nivel mitológico, no es la condena eterna, sino el de volverse uno con Dios. Lucifer, que originalmente era el ángel más fuerte y amado por Dios, simboliza una verdad oculta: los más fuertes, los más elevados, son los elegidos para caer y olvidar su naturaleza divina.
Este es el profundo significado que yace en el concepto de la traición, un maravilloso antropomorfismo que encierra el gran secreto sobre lo que realmente es el diablo y la sombra. El diablo no es más que aquello de la vida que aún no has aceptado o abrazado completamente. La verdadera confusión en las antiguas leyendas ocurre en la interpretación de la batalla entre el bien y el mal, donde el bien siempre sale victorioso. Pero las imágenes de dragones vencidos y derrotados son, de hecho, una proyección de la Sombra 28.
El arcángel Miguel, quien representa el bien, no debería destruir a Lucifer, sino abrazarlo. Solo en ese acto de integración se cumple verdaderamente el mito, transformando la esencia de Lucifer en una fuerza aún más elevada, revelando que Lucifer, en realidad, es una expresión del mismo Dios. Es así como deberíamos contemplar este mito cristiano, no como una lucha entre el bien y el mal, sino como una integración de las fuerzas. Esta dinámica también se refleja en muchas otras mitologías antiguas alrededor del mundo, que describen una similar relación entre el bien y la sombra, o el aspecto rechazado de la vida.
El Siddhi de la Inmortalidad requiere una rendición total ante los miedos más profundos de cada individuo, porque al "morir" a esos miedos, uno renace como pura consciencia. Un ser que alcanza este estado se da cuenta de que su verdadero propósito no es otro que la vida misma. Vive en la esencia inmortal de su naturaleza, más allá del tiempo y de cualquier forma material.
Cuando un ser humano accede a este estado a través del Siddhi 28, entra en una especie de mitología propia. Su particular don radica en su capacidad para revelar los miedos de los demás, allá donde va. Este fenómeno no es simplemente una cuestión de influencia, sino una consecuencia directa de su genética. A estos seres se les atribuye la capacidad de "expulsar demonios", lo que, en términos prácticos, significa que su aura tiene el poder de hacer que emerjan las partes más sombrías y ocultas de la naturaleza de los demás. Esas partes rechazadas, que las personas temen o evitan, son absorbidas por su estado de consciencia inmortal.
Este es un rasgo común entre todos los estados síddhicos, ya que, en esencia, todos ellos comparten una unidad fundamental. Sin embargo, cuando se alcanza a través del Siddhi de la Clave Genética 28, este poder adquiere una dimensión mitológica particular, marcada por la capacidad de confrontar los miedos más profundos y la oscuridad interna, tanto propia como ajena.
Para finalizar, es interesante reflexionar sobre el futuro papel del Siddhi 28. Como se mencionó anteriormente, este Siddhi alberga la semilla de la manifestación de la inmortalidad en la forma. Una vez que todos los Siddhis se hayan despertado en la humanidad y nuestro cuerpo colectivo comience su transmutación hacia una nueva forma, el Siddhi 60 florecerá. En ese instante, las leyes que sustentan nuestra realidad tal como la conocemos comenzarán a desvanecerse.
A medida que esto suceda, los elementos de nuestro futuro vehículo se integrarán para dar vida a una nueva clase de cuerpo que será capaz de albergar una consciencia más elevada para la humanidad. En este nuevo vehículo, el Siddhi 28 alcanzará su pleno desarrollo y, en ese proceso, logrará la fusión del alma animal de Gaia con el alma humana, dando lugar a un cuerpo inmortal.
Aquí se encuentra el secreto detrás de todos los códigos de nuestras mitologías, en las que el hombre y la bestia se unen para convertirse en uno. El reino animal de nuestro planeta posee un nivel de consciencia que ya opera en el ámbito de la inmortalidad, y su sacrificio sugiere una evolución que puede incluso superar la nuestra. A nivel físico, un ser humano debe integrar y abrazar completamente su naturaleza animal antes de poder manifestar su verdadero propósito. Solo en ese momento podremos vislumbrar la auténtica naturaleza de la bestia, revelando así el potencial profundo que reside en la conexión entre la humanidad y el reino animal.

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